jueves, 14 de octubre de 2010

Excursión nocturna.


Una noche sin mas decidí dar una vuelta por una fábrica abandonada con la linterna y la cámara de fotos, a solas
pero con bastante decisión me puse a ello. Dejé el coche en la puerta y me interné por ella gracias a la abertura que deja entrever la dilatada cadena que las une (las puertas) ya que esta no cumplía exactamente con su función
se da por hecho que puede entrar por ahí cualquiera a no ser que pese 200 Kg. Nada mas entrar en el recinto y gracias a las predicciones del tiempo ya que antes me informé un poco por Internet para saber si la noche iba a ser clara con luz Lunar, las diferentes instalaciones que albergaban el recinto, me situé en la parte que era el muelle de transporte, donde los camiones hacían su función de carga y descarga, examinando uno por uno los cuatro equipamientos de las instalaciones (naves). Algunas tenían el techo de chapa, pero las paredes de obra lo que en el silencio de la noche se podían apreciar el pasar de ratoncillos y gatos por él con su constante cli-clink.
En una de esas naves, alumbrando con la linterna, para apreciar el poco arte que tienen los grafiteros que antes que yo se internaron en la fábrica derruida, no había ninguno digno de mención solamente frases pueriles y dibujos simplones de púberes con mucho tiempo libre y poca dedicación.
Esperaba toparme con alguna clase de vagabundo pero no había nadie aún así cogí un palo de lo que antes era un palét por si surgía el conflicto (como medida de precaución), claro uno tiene que ser precavido.Unos cascotes, botellas vacías de litronas de cerveza, colillas, papeles de plata y algunos tablones de madera podridos 
eran los únicos adornos con lo que se podían ataviar esta instalación en la que me encontraba, que antes debía ser un hervidero de actividad. En una caseta exterior, mas pequeña que la nave del techo de hojalata, se encuentra las duchas del antiguo personal, en las que pude sacar la foto de la rejilla del desagüe con su baldosas azules que me recordaba algún detalle de un vídeo-juego de survival- horror y es la que decidí poner 
en esta entrada de blog.
No mucho más ya que iba sólo no me decidí a subir a un altillo de una de las naves por muy medio seguro que pareciera a la vista, no quería arriesgarme a que alguna parte del suelo cediera a mis 90 kg de peso; como mucho después de deambular por aquí y ya en el exterior de las naves pero dentro del muro del recinto, me puse a acariciar a un gatito chiquitín que me dio un susto cuando se arrimó para restregar se por mis pantalones en actitud cariñosa. Al salir lo hice por un boquete del muro de piedra bastante ancho que daba casi junto a una acequia: me acerque al coche arranqué y me fui.
Fotografía Manu Cueva; Texto Manu Cueva.

2 comentarios:

Félix dijo...

Cuando imaginabas que esa misma nave hace unos años estaría llena de actividad, me hizo pensar en que todo y todos tenemos un momento de esplendor. A lo largo de nuestra vida llegamos a disfrutar de un periodo de máxima actividad, y esto lo considero tanto en personas, como empresas, o incluso en ciudades. Ciudades que hace siglos fueron focos principales de comercio y actividad, y ahora son simples pueblos cuyos habitantes son ancianos o han quedado relegados a un segundo plano.
Supongo que cuando seamos viejitos podremos decir cuál fue nuestra época de oro. ¡Intentemos que sea lo más duradera posible!

Masunodos dijo...

Esperemos que así sea.