Se deja llevar por la mano tan fría que en un segundo su talento empezó a surgir, de la nada mas absoluta pasó al brazo y de este a su mano, martillo, luego cincel, martillo, conecta el cincel, apunta el escaple, martillo y vuelta a jugar con el cincel. No hay planos que valgan solo un corazón caliente, una camiseta sudada, unas manos y unos brazos duros pero firmes y flexibles con unas herramientas, tan primitivas como el antiguo testamento. Cubo de agua para ingerir de vez en cuando unos tragos largos con los que saciar la penitente sed que da el calor veraniego, junto al formidable esfuerzo escultor de aquel que es capaz de sacar el alma de un bloque de granito cuadrado. Artínio el esculpidor, esculpe, talla y da forma a la quimera forjada en la mente, trabaja para poder vender la ilusión granítica de una escultura que decorará por mucho o por poco tiempo, la estancia o el jardín de algún noble acaudalado que no sabe lo que es forjar artesanía en roca con sus propias manos, ya que la cuna de la que viene venía con la marca de la casta suprema de nobles con nobleza no muy bien consabida por la plebe.
La constancia con la que pica la roca hace que el metal de la maza no conecte esta vez con el metal del escaple si no con la mano que lo sujeta, escuchándose un aterrador y lacerante sonido de estallar de huesos junto al grito de dolor profundo mas desgarrador e infra-humano que solo en periodo de guerra o de tortura suelen abundar. A Artínio que su cuerpo era su único recurso solamente le espera la miseria absoluta a no ser que un ángel venga y se lo lleve.
Fotografía y textos Manu Cueva.
3 comentarios:
Desgracia le viene a aquel que pierde su principal recurso con el que se gana la vida.
Dificil y traumático problema.
Impresionante Manu, me ha dolido la mano a mí... Que la herramienta de Artinio para expresar su creación sólo se puede catalogar con una palabrota que a todos creo que se nos puede venir a la cabeza
Un saludo de una impresionada lectora.
Sigue escribiendo por favor, te sigo...
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