| Mizifuz. |
Cada persona tiene una historia, cada animal tiene una historia, la gente que observa tiende a crearse una historia de la persona observada y cuando un animal con una persona se asocian surge un vínculo que puede ser de cariño entre los dos.
El gato obeso Mizifuz, nombre humano colocado por una mujer que lo quiere porque necesita el calor, su silencio gatuno y porque en su humilde condición de animal de calle, hace que agradezca con ronroneos el amor y sustento alimenticio de Cristina. Cristina mujer atareada, que siempre guarda unos minutos de su tiempo, para ir al parque a leer sus libros viejos de poesía, con una lata de sardinas en su bonito pero viejito bolso lleno de lápices y sin móvil, recibe con alegría, cariño, besos y arrumacos al grisáceo, gordo, pachorrón del habitante de parques, bautizado sin iglesia de por medio, pero inmejorable compañero de lectura poética que el gato Mizifuz.
Ella se sienta en un banco de listones de madera, pintados de blanco, Mizifuz coge posición a su lado, acariciado por los rayos de luz que mantienen a Cristina y Mizifuz en una agradable temperatura corporal. Cristina con una mano tan pequeña y suave como el papel, acaricia el suave pelaje de Mizifuz con fuerza, el gato bosteza y Cristina que lo ve le dedica un poema de su buen hacer poético. Los minutos se fueron sumando por desgracia, lo bueno dura poco y Cristina se despide de Mizifuz, Mizifuz se despereza estirando su rechoncho cuerpo felino preparándose para recibir la última caricia del día. Cristina se va a sus quehaceres no sin antes abrirle la lata de sardinas a Mizifuz que guardaba en el bolso, Mizifuz se relame los bigotes solo viendo el ademán de abrir el bolso, porque sabe que ella lo quiere, porque sabe que desde el primer encuentro Cristina lo ha cuidado…
Saludos con ronroneos…
Fotografía y textos Manu Cueva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario