Vive solita, madre de cinco hijos que en el último tramo de su existencia no tienen la suficiente fuerza o ganas de venir a verla. Jalaída aun guarda en su anciano semblante los restos de los rasgos de la belleza que en su juventud y madurez desbocaban a los machos y hacían comentar en corrillos a multitud de hembras. Jalaída se levanta temprano con los ojillos hinchados de tanto haberse quedado noches en vela cuidando en desmedida a sus hijos cuando estos enfermaban, con la poca vista que le queda busca su pequeño y viejo cazo favorito para calentarse la lechita del desayuno, enciende su pequeña bombona de camping gas que una buena vecina le compra ya que a Jalaída no le llega la pensión, el gobierno se la quitó para pagar la boda del rey y solo recibe veinte euros y pequeñas limosnas de la gente a la que inspira pena. En la fría mañana de invierno el cacito de leche se calienta poco a poco y Jalaída pone sus manitas arrugadas de amor, encima del cacito para calentarlas un poco “Glup,glup” la leche ya está caliente y medio hirviendo, Jalaída la retira pero sin volcarla en el vaso coge su chusco de pan mohoso de moho que ella no puede apreciar a simple vista y miguita a miguita lo moja en la lechita para así calentar su pequeño estomaguito con el que afrontar las bajas temperaturas de esta oscura mañana invernal. Jalaída hoy tiene frio, Jalaída hoy está cansada, Jalaída tiene que ir a comprar comida, pero tiene tanto frio y está tan cansada que decide tumbarse otra vez en la cama pero antes besa fotografía por fotografía las caras de otros tiempos mejores, besa la foto del día de su boda pero con ternura a su esposo fallecido, besa con ternura a su hija mayor y así uno a uno los miembros ausentes en su vejez de la familia que con tanto tesón, cariño, esfuerzo, comprensión y amor forjó ,en la fragua de su matriz con el combustible del corazón. Trece mantas la cubren para calentar su frio cuerpecito y Jalaída ya no tirita, Jalaída está soñando con su madre en el cielo y una visita del otro lado la cubre de caricias heladas desde los pies y poco a poco el resto del cuerpecito de Jalaída, caricias glaciales que provienen de la dama muerte que ella en su último pensamiento enfocado hacia su madre con una sonrisa del que vuelve al hogar después de mucho tiempo da el paso de abandonar el cuerpo sin vida para que su karma forme otra vez un todo con los designios del Universo.
Un fuerte saludo a los ancianitos que viven solos.
Texto Manu Cueva, fotografía Manu Cueva.
2 comentarios:
Parece que la vejez viene acompañada de la soledad.
Si que penita.
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