Al día siguiente Artínio y Cristina fueron a la casa de Hugo, el promotor de boxeo, en las afueras de la ciudad. En una casa ostentosa de lujo, la mujer que se ocupa de la seguridad de la cerca enrejada que da al jardín de la gran casa, mira a la pareja compuesta por Artínio y Cristina con frialdad, para luego avisar por teléfono a Hugo y después de darle el visto bueno, los acompaña a la puerta de la mansión.
En la puerta, una joven empleada del hogar les da la bienvenida y les pide que la acompañen al salón, una vez allí, Artínio y Cristina miran absortos los cuadros, los muebles y la lujosa decoración de la estancia, aún de pie porque no saben todavía si deben sentarse o esperar en la misma postura , hasta que llegue el hombre que puede abrirles esa puerta que tanto desean.
La joven empleada del servicio acude, con una bandeja en la que lleva un par de copas de vino y unos canapés que ofrece a los visitantes, mientras esperan, cada uno coge una copa y un canapé y Cristina un poco nerviosa sonríe, para luego darle las gracias a la sirvienta y decirle que no se hubiera molestado, la sirvienta no dice nada y después de servirles se retira con el mismo semblante serio.
Pasan 15 minutos y Hugo sigue sin aparecer a recibir la visita que el a convocado, Cristina le dice a Artínio que no puede esperar más, ya que necesita ir urgentemente al servicio a orinar, los nervios han sido los causantes, Artínio se asoma por la puerta de la estancia para llamar con voz educada pero en alto a la sirvienta, llama cuatro o cinco veces, pero la empleada no aparece, entonces Cristina decide que no puede mas y le dice a Artínio que espere en el salón a Hugo mientras ella va a buscar el servicio, entre sonrisas nerviosas le dice a su chico, que daría muy mala impresión si el promotor la encontrara en el salón con una mancha líquida en su falda y gotitas cayendo de las bragas, Artínio se ríe un poco forzado, le da un beso y le pide que se dé prisa.
Pasado unos minutos, una atractiva joven en toples entra en el salón, donde espera Artínio y la joven se le queda mirando con naturalidad, mientras a Artínio le empiezan a sudar las manos y con un tartamudeo sonoro le lanza un sonoro y raro “b-va-e-nos,,días” a lo que la joven en toples le contesta, mientras mira a Artínio fijamente a los ojos y con una mano se acaricia uno de los pezones morenos de sus turgentes pechos para decirle “ Yo me llamo Casandra, voy a la ducha si quieres sígueme”. Casandra descalza desaparece tras una puerta y Artínio traga saliva un par de veces y aún con el corazón palpitando con fuerza, escucha un portazo, es Cristina, su chica que ha vuelto de hacer pipí.
Texto Manu Cueva.
2 comentarios:
Ostras!!!! qué tensión con la tía esa en topless...menos mal que aparece Cristina. Gracias por esta segunda parte
Gracias a ti por leerla.
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