martes, 1 de febrero de 2011

Suave como la seda.


La pequeña oruga Silvia se pasea con su peculiar caminar oruguense, por el amplio parqué de la casa de Cristina. Busca hojitas de morera para alimentarse, pero su sentido de la orientación en un día ventoso, ha hecho que se perdiera, para adentrarse en el interior de la casa.
Camina lentamente soltando a su paso pequeños hilos de seda que la oruga Silvia segrega en la parte trasera de su cilíndrico cuerpo. El perrito Tobías está en la cocina, pero como es un perro inquieto, pasa de la cocina a la amplia sala de estar con el suelo de parqué donde la oruguita Silvia, está buscando su sustento de hojas deliciosas de morera. El perrito Tobías, olisquea que olisquea, termina por encontrar a la oruga Silvia y con un bufido canino se queda parado mirando a la oruguita que de repente se levanta sobre sus patitas traseras formando una “S”,con su cuerpecito. Los dos se quedan mirando el uno al otro un buen rato, como si se estuvieran estudiando, hasta que al final, el perrito Tobías abre su boca repleta de dientes caninos y unos cuantos incisivos, para después sacar su rasposa lengua con la que lamer a la pobre oruga Silvia. Después de unos cuantos lametazos el perrito Tobías opta por ingerir a la pequeña Silvia.
Pasan los días en los que el perro Tobías ladra un poquito más de lo acostumbrado, da vueltas sobre sí mismo, como si quisiera morderse la cola y muerde los muebles, Cristina un poco preocupada por la salud de su mascota la observa un buen rato para darse cuenta de unos extraños hilitos brillantes que recorren toda la casa. “Bueno, algún insecto se abra colado en la casa”- Piensa ella, y luego se sienta en el sofá, para abrazar a Tobías. Cuando mira la piel de Tobías, al pasar la mano se la quedan enganchadas los hilos de seda, que con sorpresa observa como salen del ano del perrito Tobías, Cristina sorprendida a la vez que asustada, coge al perro y lo monta en el coche, lo enciende y salen a toda prisa en dirección a la clínica veterinaria. El veterinario, un hombre mayor con muchos años de experiencia, observa al perro con una mezcla de sorpresa y extrañado profundamente, se gira y le dice a Cristina que tendrá que hacerle unas placas, para intentar descubrir por qué el perrito Tobías, suelta esos extraños y pegajosos hilos de seda a través de su ano. Pasando unas horas angustiosas, en la sala de espera, Cristina ve por fin como el veterinario se reúne con ella para transmitirle información, sobre el estado de salud de Tobías. El veterinario le cuenta a Cristina, que Tobías tiene alojado en su ano, unas glándulas que hacen que le perro, segregue una maraña de hilos, que el veterinario ha identificado como los hilos que produciría normalmente un gusano de seda, hecho insólito que el veterinario ha comunicado a la comunidad científica, vía e-mail. Cristina pasa a la sala de cuidados donde están los perros y gatos enfermos en sus jaulas, y se detiene frente a la jaula de Tobías con lágrimas en los ojos. El perro la observa dentro de su jaula con los ojos brillantes y la lengua fuera, con la piel enredada en sus propios hilos, le manda un tierno beso, después entra el veterinario y hablando con ella le aconseja que se vaya a casa dejando a Tobías con él.
Suena el  teléfono en mitad de la noche y Cristina muy sobre-exaltada corre a coger la llamada, era el veterinario que con voz entrecortada y excitada le comenta a Cristina, que Tobias se ha envuelto a sí mismo en sus hilos, en un capullo de seda, al igual que las orugas cuando se metamorfosean en polillas ponedoras, Cristina lanza un grito en mitad de la noche, para caer en un profundo desmayo…
TEXTO MANU CUEVA.

2 comentarios:

Félix dijo...

Y qué crees que puede salir de la pupa del perro? ufff, una polilla gigante que ladra y se mea en las esquinas, je je.
Muy imaginativo.

Masunodos dijo...

Puede salir de la cosita mas tierna a un bicho feo y aberrante, de pesadilla, depende de la voluntad de cada uno, yo no le he asignado ninguna forma a Tobias, todavía...