Han pasado cuatro meses desde la hecatombe.
El cielo se tornó de un rojizo extraño después de la serie de destellos cegadores, fue en uno de esos destellos, cuando mi hija María se quemó las retinas de los ojos. Comemos la comida en lata de los supermercados vacíos sin los dependientes que antes nos pasaban los alimentos por los laser de los códigos de barras, ahora para reírnos un poco de la desdicha, hacemos como si los pasáramos pero no hay electricidad.
Muchos de nosotros hemos caído enfermos al beber agua, la que está embotelladla resulta muy difícil de conseguir y la que cae de la lluvia tiene como un sabor que no consigo saber de qué se trata. Hay mucha gente que tiene tumores visibles en ciertas zonas del cuerpo, algunos hasta sangran y emiten grandes cantidades de pus, el pelo se les cae pero no solo el pelo, también los dientes.
Hoy me he levantado, me ha costado mucho despejarme y ponerme en pié, al lavarme la cara he notado como un reguero caliente me cruzaba la boca y el mentón, hasta que me dí cuenta que era mi misma sangre que brotaba por mi nariz sin control, rápidamente he colocado mi cabeza hacia arriba y con papel higiénico intenté taponar la nariz, pero solamente de hacer ese movimiento me he desvanecido sin fuerzas y he perdido el conocimiento varias horas.
Hace unas semanas vino un convoy formado por trece camiones del ejército y la gente se ha ido agolpando en torno a ellos para ver si los podían llevar a otro lugar mejor, por lo menos con agua potable, pero al irse acercando han abierto fuego contra algunos matándolos allí mismo, solamente se han llevado a las mujeres que parecían más sanas y niñas, se fueron ayer.
Me cuesta mantenerme en pié, estoy un poco preocupado por mis padres, hace seis meses que no sé nada de ellos, no tenemos teléfono la línea ha quedado muerta. Desde la ventana veo un grupo formado por algunos miembros de varias familias que han conseguido hacer funcionar algunos vehículos, parece que van a marcharse, los veo desde mi ventana y les hago señas para que me lleven con ellos…No me escuchan.
Los cuerpos de mi mujer y mi hija yacen sin vida en la habitación que antes era un bonito dormitorio, adornado con el buen gusto de mi mujer, me siento muy débil hasta para seguir escribiendo.
Abro la puerta del dormitorio para por lo menos estar juntos, me recuesto sobre el regazo de my mujer y le agarro la mano a mi hija María. Canto una canción que en ese momento me viene a la cabeza, estoy agotado, no he comido nada, cierro los ojos, los vuelvo abrir, los cierro…
Texto Manu Cueva.
2 comentarios:
Al comentar lo del supermercado vacío me ha venido a la mente una escena del libro "Ensayo sobre la ceguera" de José Saramago. Debes leértelo. Pinta un caos parecido al tuyo a raiz de un epidemia de ceguera.
Saludos.
Se han hecho muchas versiones de como serían las crisis post-nucleares, en cine, libros y yo no quería ser menos. Si tienes el libro un dia que vaya a tu casa me enseñas la parte coincidente. Saludos.
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