jueves, 1 de septiembre de 2011

Crudo relato de un retrato.


Rodolfo y Katerina, una pareja de lo más normal, el español y ella de Rumania, viven en el piso de una ahora no tan buena amiga, que durante el periodo del bum de la venta de pisos, tenía varios fruto de una herencia y que viendo como los demás los vendían muy por encima de su valor, pues ella ni corta ni perezosa lo subió, un mucho por cien mas, aduciendo que era barato, a sus queridos convecinos y amigos, con los que se iba muchas veces de cena y de discoteca hasta las tantas de la mañana.
Rodolfo trabajaba de electricista y le salían obras por todos los lados, ganaba dinero, mil euros o mil doscientos si hacía horas, pero casi no veía a Katerina, Katerina trabajaba de camarera en un buen restaurante, llegando a cobrar los 750 euros, bastante más que en su país de origen.
Cuando decidieron vivir juntos, compraron la susodicha casa de 70 metros cuadrados por el precio astronómico que la amiga, dueña y la sociedad de ayer impusieron a lo loco, a tal bien de primera necesidad.
Los meses y días, con algún año, fueron pasando, mas no en balde para el desastre.
Aun lejos quedan hoy con aquel apretón de manos del  director de banco y el café con churros que se tomaron en su oficina, pagados por él y la firma impresa de aquel préstamo hipotecario que con su Euribor cambiante. Euribor al cual los  santones y hechiceros, en la tele, empleaban su tiempo en confeccionar amuletos místicos, para que el fantasma del Euribor no subiera en porcentajes.
De aquella maravillosa amiga, solo les queda mucho recelo…
El continua trabajando media jornada muchas veces porque no hay trabajo, para pagar una casa, que quería devolver al banco, además con muchos intereses de impuestos, provenientes de la gran deuda de la crisis voraz, ella trabaja ahora limpiando patios y escaleras, además de cuidar ancianos pero ni aún así se atreve a darse de alta de la seguridad social, por miedo a no comer y malvivir peor, si me quedo enferma, pues ya me da igual – piensa ella para sus adentros.
Él vive ahora con sus padres jubilados y ella ya no lo ha vuelto a ver desde que rompieron, por el agobio.
La noche y el día suelen como siempre ha sido, aparecer… y en algunos programas de televisión, la vida de los ricos es la que más se ve.
Texto Manu Cueva, que no quede esto en el olvido, de los errores tenemos que aprender.

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