Hacia el este, con su camisa blanca ya muy harto de su vida saturada de emociones, decide volver Julio a su casa para relajarse. Pinta silvestre una luna de caricias, que le brinda un beso casto, pinta el Sol ,hecho mujer ,compañera un beso de amor en sus labios, él con los ojos cerrados acaricia el aire, buscando su piel, la de las dos, para acariciar los astros en el confort de su sillón, un sillón tan volátil como cuando un globo de helio es fumado e inhalado, sin fuego, con la llama del sentir la esencia de la hembra que llega con su pelo corto, teñido de caoba y con unas sandalias de goma negra como la noche veraniega en una ciudad sin estrellas. Resuene el buen rollo, resuene el tambor de los espíritus de las quimeras.
Poesía Manu Cueva.
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