La hora de comer, hora de comer en familia, Sonia se
despierta justo un poco antes y sin arreglarse demasiado se sienta a la mesa a
comer el menú dieta dictado a su madre, el padre la espera sentado en su lado
predilecto y ella siempre le dedica un ¡Joder, deja de comer con la boca
abierta, que haces un ruido asqueroso!; el padre agacha la cabeza y sigue
comiendo, pero el buen hombre no lo puede evitar pero tampoco la contesta, pues
la ira de su hija es de temer en todo el vecindario. Su madre goza impune
sonrisa perpetua, los hijos han venido a este mundo para hacernos felices, no
tienen nunca ningún defectillo y con
cariño le da a su hija Sonia el dinero que tenía guardado para comprarse ese
jersey tan bonito que había visto en las rebajas, Sonia mira el dinero que le
da su sonriente madre benevolente, que lleva cuatro horas limpiando la casa y
preparando la comida y la hija le dedica ¡Vaya mierda, cada vez me das menos
dinero y a ver si te duchas de una vez, que hueles que apestas, con esto no
tengo para la peluquería, solo tengo para la discoteca, mecagüen la puta!
Sonia ahora está en el lavabo acicalándose unas cuatro horas
y todavía no ha terminado, mientras su padre y su madre han tenido que hacer
apuradamente, sus necesidades en varios cubos de plástico, mientras Sonia pone
a todo volumen los éxitos del hause y se perfuma a conciencia, se peina, se echa
brillantina en los senos, se perfila con rímel las pestañas…
Del cuarto de baño se escucha un sonoro ¡Mira que sois
guarros, que mal que huele podíais ir a casa del vecino a cagar, es que seis
paletos!
Cuando Sonia, por fin acaba de arreglarse corriendo se
acerca al teléfono fijo del comedor, para llamar una por una a todas las amigas
que van a acudir a la discoteca Pombo mar, mientras su padre un poco preocupado
por la factura telefónica, intenta hablarla, para hacer que comprenda pero ella
lo corta con un ¡Joder papa, tengo que organizarlo yo todo ostias, necesito el
teléfono,…claro que como tú eres un corto que no entiende nada, mira vete a la
mierda y déjame en paz! Su padre, se marcha con los hombros un poco bajos a
vaciar los cubos en los que antes han hecho sus necesidades cuando Sonia
ocupaba el baño, vuelca su contenido en la taza y tira de la cisterna.
El aspecto de Sonia es el de una súper-diva su trabajo le ha
costado, luce muy elocuentemente sensual y su pelo no tiene ningún defecto y se
dirige a su madre que está sentada con su padre en la cocina y les dice ¡Mirad
papis que hija más guapa tenéis! ¡Va papi dame dinero, porfi…! El padre está
conmocionado al ver a su hija en minifalda y súper-escotada con purpurina en
los pechos, que brilla con cien colores al darle la luz, su padre para no
incomodarla baja al cajero en medio de unos sudores fríos que le corren por la espalda
al ver ese espectáculo y medio mareado, piensa que este tren de vida es
demasiado para una familia humilde y baja al cajero a ver cuánto dinero le
queda. Mientras tanto su madre anonadada sonríe o aguanta la sonrisa con mucho
aire de preocupación por ella y le dice ¡Hija mía estas hermosa! A lo que Sonia
le contesta ¡Has visto que peazo de hija tienes!, ¿No tienes algo suelto para
tabaco, mamita? Y su madre le contesta,-No sé si tendré, cariño voy a ver.
Suena una serie de claxon de coche y Sonia se asoma por la
ventana a saludar a sus amigas mientras su padre en la calle les dice a sus
amigas-¡Por favor no bebáis mucho, que él con el coche es peligroso! A lo que
le contestan -¡Si abuelo sí, no nos mire tanto las tetas, Ja…Ja,jaja…! Sonia
por fin baja y su padre le da el dinero, para luego marcharse sin darle un beso
en un megane coupe, desaparecen calles a dentro.
Relato Manu Cueva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario