jueves, 6 de septiembre de 2012

Nuestra hija.


Luces ámbar
Y la calle oscura
Impregnada de los haces
De la ambulancia

Expirabas rápidamente tu aire
Perfumado
Y en aquella sala de maternidad

Apareció
Nuestro mayor regalo

Los primeros días
Guardamos sus gestos

En tus preciosos Iris
Verdi azulados

Los siguientes fueron
Colchones de algodón
No le diste el biberón
No le pusiste el chupete
Yo veía que solamente

Calmar a nuestra hija
Con la magia amorosa de
Tu
Amor

Siempre tan incondicional
En el cual ahora comprendo
Que Lidia le enfoques
Tus esfuerzos
Y tu sonrisa cuando
La miras
Que sepas
Que sí
Que ese amor
Me llena por dentro.
Poesía manu cueva.

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