Luces ámbar
Y la calle oscura
Impregnada de los haces
De la ambulancia
Expirabas rápidamente tu aire
Perfumado
Y en aquella sala de maternidad
Apareció
Nuestro mayor regalo
Los primeros días
Guardamos sus gestos
En tus preciosos Iris
Verdi azulados
Los siguientes fueron
Colchones de algodón
No le diste el biberón
No le pusiste el chupete
Yo veía que solamente
Calmar a nuestra hija
Con la magia amorosa de
Tu
Amor
Siempre tan incondicional
En el cual ahora comprendo
Que Lidia le enfoques
Tus esfuerzos
Y tu sonrisa cuando
La miras
Que sepas
Que sí
Que ese amor
Me llena por dentro.
Poesía manu cueva.
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