Una fiesta de verano en el pueblo más alejado de la costa y
el clima frio pero solo en apariencia…
Disfraces paganos y ellas en la sombra…
La música suena como nunca ha sonado increíblemente deliciosa
alguien ha traído unos excelentes altavoces y mientras todo el mundo está
bailando un joven distraído con un disfraz de vikingo está siendo observado…
¡Ya tengo un par de hijos!
¿Por qué no adoptar uno más?
Sus miradas parecían hablar una en una punta y otra en la
otra de la pista, nadie diría a ciencia cierta sus verdaderas edades pero
parecen jóvenes… muy jóvenes e impresionantemente astutas.
Vestidas con aire ochenteros y pelucas hippies las
margaritas que lucen en sus cuellos son solo para despistar a los hombres, sus
ojos detrás de las gafas son tenues, de color frágil pero con aire fiero.
La música cambia de tono y suena más tribal, los corazones
de los bailarines son cada vez más enérgicos porque la música los lleva en esos
compas.
¡Bésalo ahora!
¡Antes besaré a otro antes! ¡Déjame encerrarlo!
Tú mandas.
Se dicen entre ellas con las miradas y dulces gestos
imperceptibles.
Las luces son de color amarillo y el incauto vikingo nota
una mano en su espalda, suave y tersa mano y se gira para encontrarse con ella
que le entrega una sonrisa hechizada con ingenuidad barata.
¡Tu novia se ha ido! Le dice ella al oído.
¿Cómo lo sabes? ¡Si esta…! Se gira pero no la ve.
¡No te preocupes! Soy amiga suya, ven conmigo ella me ha
dicho que te enseñe algo.
Continuará si eso… Espero sea de agrado.
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