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| Luciano |
Florinda le da vueltas a la olla guisando un buen estofado de lo más espeso. Le empieza a doler el brazo al darle vueltas de lo espeso que está, ya que le ha puesto medio kilo de tocino, siete algarrobas, cuatro morcillas, trescientos gramos de solomillo, un cuarto ternera, dos chorizos y para darle consistencia tres patatas a trozos.
La olla en la que cuece este menú es una olla exprés que lleva toda la mañana en el fuego y el resultado de esta operación es algo a lo que no se le puede llamar caldo, es más bien una pasta amarillo-grisácea condensada de Híper-nutrientes.
El gato Luciano, un gato muy sano, ya que a pesar de su edad no ha ido nunca al veterinario según Florinda y su marido “Este gato nos va a enterrar jeje…”, pero que sospechosamente se rasca mucho la panza y el dorso sobre las esquinas de los muebles, ahora está sobre la campana de la cocina orinando un fluido amarillo rojizo sobre la campana recoge-vapores de cocinar. El orín de tan sano animal viejuno, se está escurriendo por la campana e inevitablemente cae a chorritos sobre el energético estofado de un millón de calorías al cuadrado.
Florinda mujer que de joven había sido muy guapa, ahora con unos brazos anchos y cabeza sin cuello unida al cuerpo, una imagen muy distante de aquella foto de boda de cuando se casó con el prometedor joven fuerte y moreno peón de la construcción, que ahora es encargado y que luce un semblante mas, mas y mas dimensionado al cubo que Florinda.
Gira la cabeza para descubrir al felino domesticado haciendo sus necesidades. Pasito a pasito y muy despacito, ya que su forma física le impide ir más rápido coge al minino cariñosamente y le reprende diciéndole- Pero mira que eres guárete, Luciano, con todo lo que me ha costado hacer la comía…
Florinda, que no es mujer de tirar la comida, después de toda el hambre que hay en el mundo, se lo piensa por un minuto…-Sólo es un poco pis…
Y llegan los comensales con la boca abierta y sudando de la calle, moribundos de hambre, aunque su tallaje indica lo contrario, ellos reivindican su gusa…
Los comensales de tan frugal avituallamiento son miembros familiares de Florinda, su marido, sus dos hijos, la nuera y el hijo bebé de la nuera y un vecino de toda la vida.
Los comensales vienen contentos, porque es domingo y durante la mañana han bebido unas cervezas con cacaos y olivas en el bar, viendo las motos por televisión, con tanta pasión por el deporte que han hecho un hambre atroz, como si ellos mismos hubieran llevado las motos a trescientos kilómetros por hora durante tres horas.
Florinda, entre risas y alegría recibe a los comensales que toman posición mirando quién se lleva la mejor ración de estofado, indicador del amor de florinda o su preferido.
Todos entre risas medio-recelosas señalan al pequeño de 23 años con el chorizo y el trozo de tocino más voluminoso de todos los platos y le dicen- Jeje… claro… como es el pequeño los demás que se mueran de hambre…-
Florinda, orgullosa de su buen hacer culinario les contesta,…-No seáis así que el niño es muy joven y aún le queda desarrollo, que está estudiando mucho…
La familia come unida…
Entre sudores ingieren la pasta alimenticia del estofado, gotas de sudor caen sobre los platos mientras comen con ansia y el aire acondicionado a 13 grados y la bomba del aire hace un ruido que parece que va a estallar, pues lleva todo el día funcionando,… Pero los comensales se ahogan de calor.
Agosto es sin duda el mes más caluroso de todos…
Cuando se acaban los platos, el vecino dice…
-Tengo una sorpresa, ¿A que no sabéis lo que es…?
Todos gritan-…!BUÑUELOSSSSSS! (Buñuelos: Dícese de la masa consistente de harinas mezcladas y fritas con mucho aceite)
Entre alegrías, chistes y risas, abren una botella de anís para ingerir los buñuelos mejor y apreciar su sabor dulce, ni que decir tiene que el vecino tiene una churrería.
No pasan ni dos minutos y la familia al completo se queda fuera de combate sumidos en un sueño muy profundo… que dura muchas horas…
Cuando se levantan de la siesta ya es de noche… y como ya es de noche y no tienen hambre siguen durmiendo hasta el día siguiente.
Al día siguiente, el marido se levanta encontrándose muy indispuesto, llama a la mujer y se van en coche de urgencias al médico.
Médico: Hombre Obdulio ¿Qué le pasa?,…Cuénteme.
Obdulio: Que anoche me acosté sin cenar y esta mañana me ha levantado con dolor de tripas y mareado.
Florinda: ¿A que se deberá esa falta de apetito doctor?,… Si mi marido siempre me ha comido bien.
Médico: Nada, nada tómese usted estos sobrecitos un par de veces al día y verá qué bien se encuentra.
Florinda: Gracias doctor Dios lo bendiga,…Ahh! Y otra cosita ya que estoy aquí no me podía recetar algo y mirarme las piernas que las tengo muy hinchadas.
Texto Manu Cueva y fotografía, espero sea de vuestro agrado.

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