El Sol comienza a desmarcarse con sus leves tonos ocres por encima de las montañas y Cristina se ha puesto en marcha.
Con su cántaro, con su burrito Saturnino el más fuerte de la aldea.
Llegan hasta un manantial de aguas transparentes, cubierto de vegetación, un agua con un sabor muy dulce donde al llegar Saturnino se amorra a beber.
Han caminado juntos varios Kilómetros hasta llegar al escondido manantial… A través de unas sendas tenebrosas con bruma, pero el agua de ese manantial, para Cristina supone hacer caso al eco de la voz de los recuerdos que su madre y su abuela le decían.
“Si vas a por agua vida mía, ves mas allá de la aldea…”
El marido de su madre cerceno sus vidas siendo aún ella muy joven un padre que bebía del pozo del agua de la aldea. No soportaba el hecho de que la madre y la abuela fueran un poquito independientes, él las quería como esclavas.
Su amplia melena negra, la de Cristina es la noche pura con los destellos de la vía láctea, sus ojos te miran y te abruman a la par, tanto que no sabes si llorar de emoción al contemplarlos o desviar la mirada, para desconectar de una magia inexplicable con tintes de la más descarnada poesía que te corroe la psique, fruto de unos iris tan iridiscentes de los cuales no hay conocimiento en este mundo.
Se los ha otorgado el agua y a la par la sabiduría de sus progenitoras… bellas personas también que no se encuentran ya en la misma realidad que Cristina,… Pero que siguen acompañándola.
Como si de un ritual se tratase, Cristina, con el cántaro tumbado, va llenándolo de agua acompañándola con su mano, empujándola dentro del recipiente hasta el fondo, pero ni una gota se le escapa de sus fuertes y suaves dedos, en cuclillas entre los jazmines que con su polen dan a la atmosfera un agradable perfume.
El burro Saturnino deja de beber y mordisquea la hierba verde de alrededor alimentándose con los nutrientes que absorbe del agua que brota de las entrañas del monte.
En la aldea los habitantes viven del pozo y discuten entre ellos por ser el primero en recoger agua, son constantes en las riñas vecinales y hasta los animales te miran mal, se burlan de los forasteros, dándose aires altaneros y sus vegetales son grandes pero no guardan cualidades.
“Si vas a por agua hija mía, ves mas allá de la aldea…”
Su madre y su abuela se lo decían.
Y con el ruido del agua como música de fondo se sumerge desnuda desapareciendo en la bruma de la mañana y el inclinar de los juncos.
Texto Manu Cueva y fotografía. Espero sea de vuestro agrado este texto algo romántico, inspirado e influenciado en una canción de C. del Valle. Saludos.

4 comentarios:
Texto precioso, Manu. Enhorabuena. Podrías indicar la canción que la inspiró?
Si claro, la canción es "agua", Disco "Tiempos rotos", cantante,...Cristina del Valle. A y otra cosa estoy echando de menos mas relatos tuyos que también sensibilizan e inspiran, no quiero meterte prisa seguro que andarás muy ocupada. Un abrazo enorme.
Muy bonita la canción... yo también espero un relato mío, jeje, pero la inspiración se ha ido a otra banda, sequía creativa con su consiguiente "angustia" de pensar si se me ocurrirá alguna vez una buena idea...:(
Lee y ama, es lo único que puedo decirte, yo quisiera escribir bien y mucho mejor, esto es como ir al gimnasio, si no ejercitas todos los dias, pierdes forma, pero estoy seguro que nos engañas a todos y que tienes un super texto preparado para dejarnos con la boca abierta. Un abrazo con ganas de leerte.
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