Vive sola en una casa llena pero vacía con el sordo rumor de la tele de fondo, entra en su habitación la de su hijo en el que firmemente creyó y que ahora es su chacha, más que su madre y es que quinientos años de cultura no cambian así porque sí.
Miles de videojuegos y treinta consolas, doscientas mil películas, las mejores zapatillas del mercado clasista, una guitarra pero todavía no se ha subido al carro de buscar trabajo ni aun cuando había. Sus estudios son una pena porque él cree que lo sabe todo o porque la novia no le deja, futuro en sombras adecua su vida al moldeado y sobado marketing populista.
En cada cumpleaños, en cada comunión, en cada navidad, en cada Hallowen, en cada examen aprobado, en cada cumpleaños de otro joven o niño, en cada santo de su nombre… Tu le regalabas lo que quería y cada vez lo que quería era más caro y tú y tu marido haciendo horas para comprárselo, ahora no sabe lo que es la frustración ni el cariño, pensando para bien hiciste algo mal.
Viene tarde y le sigues preparando el bocadillo, entra en su cuarto, que tu se lo has ordenado, ni te mira casi, te llama error, antigua, momia y quiere la cena hecha como a él le gusta, con mucho kétchup y patatas fritas.
Sigues igual y te da igual… Llamas por teléfono, hablas con quien sea para desahogarte, criticas la vida de los demás, con tal de que la tuya no parezca tan infernal, ni nunca tuviste vacaciones, aunque te fuiste a ellas, querías ser madre, pero supongo que de otra manera y no de esta.
Querida Azucena…
Qué más da.
Texto Manu Cueva.

2 comentarios:
todo mi sentir encapsulado en una palabra: Fascinante
buenas letras
saludos
pd. algo anda mal, no me deja el blog, hacerme miembro de este lindo espacio :(
Revisaré el escritorio bloger por si acaso, pero como todo a veces dan problemas, un saludo y gracias.
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