martes, 4 de noviembre de 2014

La vacuna (Relato de ficción)

¿Me tengo que poner una vacuna?
Preguntó Sil.la con bastante desconcierto.
¿Es necesario? Respóndeme.
Yabal la miraba y no le decía nada mientras le indicaba que se tumbara en la camilla
¡Yabal! Dime algo, vine aquí para ver qué pasaba y tu solo me dices que me tumbe en la camilla para ponerme una vacuna, ¿Pero para que es esta vacuna? ¡O me lo dices o me voy!
Yabal seguía mirando su mesa de enfermería como si nada, sin tan ni siquiera prestarle atención mientras por la puerta entraron dos enfermeras que venían con una sonrisa mientras intentaban calmar a Sil.la en la camilla.
No te preocupes ¿Cómo te llamas?
Me llamo Sil.la y conozco a Yabal y he venido a verle porque me preocupaba su situación, hacía mucho que no venía a verme y no quería decirlo, pero salgo con él y ahora se empeña en vacunarme sin darme más explicaciones…
Sil.la estas enferma, es necesario vacunarte Yabal se preocupa por ti, para que no te pase nada.
Mientras Yabal, seguía sin hablar preparando la inyección muy serio, mientras en otra sala se empezaron a oír voces de gente orando en voz alta, una oración de carácter religioso…
¡Dios nuestro todopoderoso! ¡Protégenos del mal!
¿Qué está pasando en la otra sala?; Preguntó Sil.la
¡Sujetadla fuerte!; Gritó Yabal mientras esgrimía una jeringuilla.
Sil.la empezó a sentir pánico, mientras las dos enfermeras la sujetaban con fuerza para que no se moviera de la camilla y Yabal comenzó a inyecta un líquido negruzco en las venas de Sil.la que gritaba, por el escozor que sentía… mientras en la otra habitación se seguían escuchando a un grupo de gente orando cada vez más, en voz alta. De repente la entraron más enfermeras que comenzaron a desnudar a Sil.la mientras ella ya sin sentido yacía en la camilla.
Dentro de unos minutos darán comienzo las señales; Dijo una de las enfermeras.
Del de la piel y de las extremidades de Sil.la, empezaban a salir unas llagas de color verdinegro bastante purulentas.
Yabal con su linterna de mano fue a abrir los parpados  mientras en la otra sala seguían orando en voz alta.
Lleváosla para que descanse luego iré a observarla.
Mientras las enfermaras usaban cinturones para atarla en la camilla luego se la llevaron en un pasillo, plagado de velas y pétalos de flores rojas y negras en el suelo del pasillo.

Relato de ficción por manu cueva… espero sea de agrado

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