¿Me tengo que poner una vacuna?
Preguntó Sil.la con bastante desconcierto.
¿Es necesario? Respóndeme.
Yabal la miraba y no le decía nada mientras le indicaba que
se tumbara en la camilla
¡Yabal! Dime algo, vine aquí para ver qué pasaba y tu solo
me dices que me tumbe en la camilla para ponerme una vacuna, ¿Pero para que es
esta vacuna? ¡O me lo dices o me voy!
Yabal seguía mirando su mesa de enfermería como si nada, sin
tan ni siquiera prestarle atención mientras por la puerta entraron dos
enfermeras que venían con una sonrisa mientras intentaban calmar a Sil.la en la
camilla.
No te preocupes ¿Cómo te llamas?
Me llamo Sil.la y conozco a Yabal y he venido a verle porque
me preocupaba su situación, hacía mucho que no venía a verme y no quería
decirlo, pero salgo con él y ahora se empeña en vacunarme sin darme más
explicaciones…
Sil.la estas enferma, es necesario vacunarte Yabal se
preocupa por ti, para que no te pase nada.
Mientras Yabal, seguía sin hablar preparando la inyección
muy serio, mientras en otra sala se empezaron a oír voces de gente orando en
voz alta, una oración de carácter religioso…
¡Dios nuestro todopoderoso! ¡Protégenos del mal!
¿Qué está pasando en la otra sala?; Preguntó Sil.la
¡Sujetadla fuerte!; Gritó Yabal mientras esgrimía una
jeringuilla.
Sil.la empezó a sentir pánico, mientras las dos enfermeras
la sujetaban con fuerza para que no se moviera de la camilla y Yabal comenzó a
inyecta un líquido negruzco en las venas de Sil.la que gritaba, por el escozor
que sentía… mientras en la otra habitación se seguían escuchando a un grupo de
gente orando cada vez más, en voz alta. De repente la entraron más enfermeras
que comenzaron a desnudar a Sil.la mientras ella ya sin sentido yacía en la
camilla.
Dentro de unos minutos darán comienzo las señales; Dijo una
de las enfermeras.
Del de la piel y de las extremidades de Sil.la, empezaban a
salir unas llagas de color verdinegro bastante purulentas.
Yabal con su linterna de mano fue a abrir los parpados mientras en la otra sala seguían orando en
voz alta.
Lleváosla para que descanse luego iré a observarla.
Mientras las enfermaras usaban cinturones para atarla en la
camilla luego se la llevaron en un pasillo, plagado de velas y pétalos de
flores rojas y negras en el suelo del pasillo.
Relato de ficción por manu cueva… espero sea de agrado
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