Hasta donde alcanzaba la vista, había hogueras llameantes
como lenguas abrasadoras de los emisarios de los Dioses, los cuerpos de
nuestros hijos habían nacido sin vida, en nuestro pueblo, las madres torturadas
gritaban de agonía, mientras hombres corpulentos, lloraban como si de las vidas
de esos recién nacidos muertos quisieran manifestarse por sus bocas, apilaban
sus cuerpos, para que las llamas los transportaran a través del humo su pasaporte
para el cielo, era horrible ver tan decadente escena y solo pensaba en que
habíamos disgustado a las deidades, para que nos cayera tan fuerte castigo, que
aunque pasado mañana una embarazada diera a luz uno vivo, este niño llevaría en
su ombligo y sangre todo el infierno de los fuegos, lamentos y lágrimas de las
llamas de los montes de Gehena.
Texto Manu Cueva.
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